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Los medicamentos para controlar el dolor son fundamentales para mejorar la calidad de vida de las personas, permitiéndoles funcionar, descansar y participar en actividades diarias que de otro modo serían imposibles. Desde aliviar las molestias de una lesión menor hasta manejar el dolor crónico severo causado por enfermedades como la artritis o el cáncer, estos fármacos desempeñan un papel crucial en la medicina moderna, y se clasifican en opioides y no opioides, el médico tratante decidirá el tipo de medicamento adecuado para su condición específica.
Estos son medicamentos que no solo facilitan la recuperación y el bienestar físico, sino que también tienen un impacto significativo en la salud mental, al reducir la ansiedad, la depresión y el aislamiento que a menudo acompañan al dolor persistente.
Los medicamentos opioides, una clase de fármacos potentes, los cuales, según NIDA (2021), son derivados de la planta de la amapola o producidos sintéticamente, han sido durante mucho tiempo una piedra angular en el manejo del dolor severo. Sin embargo, su eficacia viene acompañada de un perfil de riesgos considerable, lo que los convierte en un tema de constante debate en el ámbito de la salud.
De acuerdo con Volkow & McLellan (2016), los opioides actúan uniéndose a receptores específicos en el cerebro, la médula espinal y otras partes del cuerpo, interrumpiendo la señal de dolor que llega al cerebro. Este mecanismo de acción es lo que les confiere su poderosa capacidad analgésica. Se recetan comúnmente para el dolor agudo postoperatorio, el dolor asociado al cáncer, el dolor crónico severo, solo cuando otras opciones no han sido efectivas y, en cuidados paliativos.
La American Pain Society (2016), indica que, uando se usan apropiadamente y bajo supervisión médica estricta, los opioides pueden ofrecer un alivio del dolor inigualable, lo que permite a los pacientes recuperar la funcionalidad, participar en terapias físicas y mejorar significativamente su calidad de vida. Para aquellos que sufren de dolor intratable, estos medicamentos pueden ser la única vía para encontrar un respiro y llevar una vida más digna. Su capacidad para reducir el sufrimiento es indiscutible en ciertas situaciones clínicas.
A pesar de sus beneficios, los opioides presentan una serie de riesgos graves. El más preocupante es su potencial adictivo. El uso prolongado, incluso según lo prescrito, puede llevar a la dependencia física y psicológica. La abstinencia de opioides puede ser extremadamente desagradable, lo que dificulta la interrupción del medicamento.
Otro riesgo significativo es la depresión respiratoria, que puede ser fatal en caso de sobredosis. Otros efectos secundarios comunes incluyen náuseas, estreñimiento, somnolencia y picazón. La combinación de opioides con alcohol u otros depresores del sistema nervioso central aumenta exponencialmente el riesgo de complicaciones graves.
Algunos de los opioides que un médico podría indicar, dependiendo de la intensidad y el tipo de dolor, incluyen:
Los medicamentos no opioides son, según Arydol (s/f), un grupo heterogéneo de fármacos que alivian el dolor a través de mecanismos diferentes a los de los opioides. A diferencia de estos, no actúan directamente sobre los receptores opioides en el cerebro. En su lugar, muchos de ellos funcionan reduciendo la inflamación, interfiriendo con la producción de sustancias químicas que causan dolor y fiebre, como es el caso de las prostaglandinas, o modulando las vías del dolor en el sistema nervioso central.
La principal ventaja de los no opioides radica en su perfil de seguridad significativamente mejor en comparación con los opioides. La American Cancer Society (2024), destacada que son medicamentos que no generan dependencia física ni adicción, lo que los convierte en una opción segura para el uso a largo plazo en el manejo del dolor crónico. Además, no conllevan el riesgo de depresión respiratoria fatal por sobredosis.
Son medicamentos efectivos para una variedad de tipos de dolor, incluyendo el dolor musculoesquelético, la cefalea, el dolor postoperatorio leve a moderado y el dolor asociado a la inflamación. Muchos están disponibles sin receta médica, lo que facilita el acceso para el autocuidado de condiciones menores.
Aunque son más seguros que los opioides, los medicamentos no opioides no están exentos de riesgos. Los antiinflamatorios no esteroideos, mejor conocidos como AINEs, consiste en una subclase importante, pueden causar irritación gástrica, úlceras y sangrado gastrointestinal.
El uso prolongado o a dosis altas de AINEs también se ha asociado con problemas renales y cardiovasculares, como infartos y accidentes cerebrovasculares. El paracetamol (acetaminofén), otro no opioide ampliamente utilizado, puede causar daño hepático grave si se excede la dosis máxima diaria. Es crucial seguir las indicaciones de dosificación y consultar a un médico o farmacéutico si se tienen condiciones médicas preexistentes.
Algunos de los medicamentos no opioides más recetados y de venta libre incluyen los siguientes.
La elección de los medicamentos para tratar el dolor, va a requerir de la orientación de un profesional de la salud. Existen opciones, como los opioides y los no opioides, cada uno de ellos con beneficios y riesgos que deben ser sopesados por el médico, de acuerdo con la condición del paciente.
Vale destacar, que existe una creciente preocupación por los medicamentos opioides, debido al riesgo que existe, y la importancia de educar al paciente sobre el uso seguro, el almacenamiento y la eliminación adecuada de estos medicamentos. Además, a nivel mundial, está la investigación continua de alternativas no opioides y un enfoque más integral en el manejo del dolor se vuelven imperativos para garantizar el bienestar de los pacientes a largo plazo.
Fuentes:
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