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La Navidad es, tradicionalmente, una época de excesos.Para muchos, es la temporada convertida en el archienemigo del estado físico, porque entre cenas copiosas, brindis constantes y una agenda social apretada, el cuidado de la salud física suele quedar relegado al último lugar de la lista de prioridades. Sin embargo, ver las vacaciones como un paréntesis en nuestro bienestar es un error que puede pasar factura no solo en la báscula, sino en nuestros niveles de energía y estado de ánimo.
Mantener el cuerpo en movimiento durante las fiestas no requiere de maratones ni de sesiones de gimnasio de dos horas. Se trata de aplicar una estrategia de mantenimiento basada en la eficiencia y la integración del ejercicio en la vida cotidiana.
Uno de los mayores obstáculos es la mentalidad de perdido por perdido. Muchos usuarios abandonan el ejercicio por completo porque no pueden cumplir con su rutina habitual de 60 minutos. A esto le suman este tipo de pensamientos: «Como ya me he saltado la dieta y no he ido al gimnasio hoy, ya retomo todo en enero». Sin duda, una idea devastadora.
Pero si quieres mantener tu cuerpo saludable, el objetivo en Navidad no es necesariamente mejorar el rendimiento físico, sino evitar el desentrenamiento. Mantener incluso el 30% de tu actividad habitual es suficiente para preservar la masa muscular y la salud cardiovascular hasta que la rutina regrese.
Para lograr esto, aplica el principio de mantenimiento de carga. La ciencia del deporte demuestra que se necesita mucho menos volumen de entrenamiento para mantener la condición física que para mejorarla. Incluso dos sesiones de 20 minutos de alta intensidad a la semana pueden preservar gran parte de las adaptaciones musculares logradas durante el año.
La falta de tiempo es la excusa número uno en diciembre. Cuando el tiempo es el recurso más escaso, el HIIT (High-Intensity Interval Training) es la herramienta más eficaz. Al elevar la frecuencia cardíaca de forma intermitente, se estimula el consumo de oxígeno post-ejercicio (EPOC), lo que ayuda a metabolizar mejor el exceso calórico de las cenas navideñas.
Se realizan 40 segundos de actividad por 20 de descanso.
Beneficio. Mejora la sensibilidad a la insulina, algo crucial tras consumir dulces navideños.
Si estás renuente a practicar una rutina de ejercicios, el NEAT (Non-Exercise Activity Thermogenesis) representa la energía gastada en cualquier actividad que no sea dormir, comer o hacer ejercicio estructurado, y la puedes aplicar haciendo pequeños ajustes a tus actividades diarias.
No necesitas un gimnasio para mantener el tono muscular. La Navidad ofrece pesas improvisadas en cada rincón de tu hogar.
Mantener la masa muscular es vital porque el tejido muscular es metabólicamente más activo que el tejido graso; a mayor masa muscular, más calorías quema tu cuerpo, incluso en reposo mientras ves una película navideña.
La Navidad ofrece oportunidades únicas para moverse que no existen el resto del año. El secreto está en convertir el ocio sedentario en ocio activo.
Estar en forma también depende de cómo alimentamos el movimiento. No se trata de privación, sino de orden.
Las vacaciones también son para recuperar. El cortisol, mejor conocido como la hormona del estrés, cuando está elevado debido a las compras y compromisos, puede favorecer la acumulación de grasa abdominal. Por ello, aprovecha estos días para dormir alrededor de 7-8 horas. El sueño de calidad regula la leptina y la ghrelina, las hormonas que controlan el hambre y la saciedad, y proporciona una apropiada recuperación.
Mantenerse en forma en Navidad no debería ser un castigo por comer, sino una forma de celebrar lo que nuestro cuerpo es capaz de hacer. Al integrar pequeñas dosis de movimiento, protegemos nuestro corazón, regulamos nuestro peso y, sobre todo, llegamos a enero con una base sólida para afrontar los nuevos propósitos con éxito, en lugar de empezar desde cero.
Fuentes:
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