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El ozono es un gas incoloro con un característico olor a acre cuando se encuentra en bajas concentraciones. Químicamente es muy reactivo, por lo que tiene un poder oxidante y desinfectante. En medicina se utiliza su capacidad para inducir efectos benéficos en el organismo aprovechando su acción física y bioquímica.
Al ser inyectado en el cuerpo, el ozono estimula la producción de sustancias antioxidantes y antiinflamatorias de forma natural como la superóxido dismutasa, el glutatión y el factor de crecimiento similar a la insulina. También aumenta la perfusión sanguínea de la zona tratada, estimulando la oxigenación tisular y facilitando la eliminación de metabolitos nocivos.
En traumatología, el ozono terapéutico se aplica mediante infiltraciones intraarticulares, periarticulares, intralesionales o por vía parenteral. Las dosis y esquemas de tratamiento varían según cada caso, pero típicamente se realizan de 2 a 5 sesiones con concentraciones de ozono entre 20-40 μg/mL. Se han descrito diferentes técnicas para suministrar ozono, como:
El ozono se ha utilizado en numerosas afecciones traumatológicas, como:
Como se puede observar anteriormente, el ozono ejerce múltiples acciones que aceleran y mejoran notablemente el pronóstico de las lesiones tratadas, como:
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