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El dolor, a pesar de lo molesto que puede ser, para muchos especialistas es la alarma del cuerpo, esencial para la supervivencia. Tradicionalmente, se clasificaba como nociceptivo, causado por daño tisular real o potencial, como una herida; o neuropático, causado por una lesión o enfermedad del sistema nervioso. Sin embargo, una gran proporción de pacientes con dolor crónico no encajaba claramente en ninguna de estas categorías.
Para dar una solución a esta situación, la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) introdujo en 2017 el concepto de Dolor Nociplástico. Este término representa un avance crucial en la comprensión y el tratamiento del dolor crónico, al reconocer que el dolor puede surgir principalmente de un procesamiento alterado en el sistema nervioso, incluso cuando no hay una lesión evidente que lo justifique.
El dolor nociplástico se define como el dolor que surge de una nocicepción alterada, es decir, el procesamiento anormal de las señales de dolor, a pesar de que no existe evidencia clara de daño tisular que cause la activación de los nociceptores periféricos ni de enfermedad o lesión del sistema somatosensorial que lo justifique por completo.
Dicho de otra manera, el dolor no se debe a un problema en el funcionamiento físico del cuerpo, como el tejido o el nervio, sino a un fallo en el sistema de alarma del cuerpo. El sistema nervioso central, conformado por el cerebro y la médula espinal, se vuelve hipersensible, un fenómeno conocido como sensibilización central. Las neuronas amplifican las señales de dolor y perciben como amenazantes o dolorosos estímulos que normalmente no lo serían.
El desarrollo del dolor nociplástico es un proceso complejo y multifactorial, en el cual, no hay una única causa, sino una combinación de factores que predisponen y perpetúan la sensibilización central.
El mecanismo fundamental es la neuroplasticidad maladaptativa en el sistema nervioso central, lo cual implica lo siguiente:
Ciertos factores hacen que un individuo sea más vulnerable a desarrollar este tipo de dolor.
Dado que el dolor nociplástico no se debe primariamente a la inflamación o a la lesión estructural, los analgésicos convencionales como los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) o los opioides suelen ser ineficaces o, incluso, contraproducentes a largo plazo.
Pero no todo son malas noticias, de hecho, el dolor nociplástico tiene tratamiento, pero es fundamental entender que el enfoque debe ser multidisciplinar y multimodal, centrado no solo en el síntoma, que es el dolor, sino en los mecanismos subyacentes de la sensibilización central y los factores biopsicosociales asociados.
El tratamiento se enfoca en recalibrar el sistema nervioso.
La prevención se centra en evitar la cronificación y la sensibilización del sistema nervioso en las etapas iniciales del dolor agudo. La estrategia preventiva se basa en la identificación temprana y el enfoque biopsicosocial.
El dolor nociplástico ha pasado de ser un dolor sin causa, a un dolor con un mecanismo claro, que es la sensibilización central. Este cambio conceptual es la llave para ofrecer esperanza y tratamientos dirigidos a millones de personas que sufren dolor crónico.
Fuentes:
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