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Lesiones de ligamento cruzado: ¿Cirugía o tratamiento conservador?

por | Jul 20, 2026 | Blog Traumatología | 0 Comentarios

La rotura de un ligamento cruzado anterior es uno de los más temidos diagnósticos para aquellas personas que disfrutan una vida deportiva activa, bien sea como una actividad de fin de semana o como deportista profesional. Ese sonido peculiar, similar a un chasquido, seguido de un dolor agudo y la hinchazón inmediata, suele estar seguido de una duda que puede robar la paz de muchos, y es si es obligatorio que esta situación sea solucionada en un quirófano.

Tradicionalmente, la reconstrucción quirúrgica era la única alternativa que el médico especialista recomendaba para la recuperación de la rodilla y evitar el desarrollo de artrosis a largo plazo. Sin embargo, la medicina ha evolucionado y existe evidencia científica de que la fisioterapia bien estructurada y programada es una alternativa viable y eficaz en un gran porcentaje de pacientes.

Si usted presenta una lesión en el ligamento cruzado y se encuentra ante esta disyuntiva, le invitamos a conocer ambas opciones, para que pueda conversar con su médico tratante y determinar cuál es la alternativa más viable para su condición específica.

¿Cuál es la función del ligamento cruzado anterior?

El ligamento cruzado anterior es una banda de tejido fibroso que está ubicada en el centro de la articulación y es el freno natural de la rodilla, porque se encarga de evitar que la tibia se desplace hacia adelante respecto al fémur, aportando estabilidad ante movimientos como el de rotación y pivote.

Cuando el ligamento se rompe por completo, pierde la capacidad de cicatrizar de manera espontánea en la mayoría de las personas debido al entorno de líquido sinovial que se encuentra dentro de la articulación. Sin embargo, la estabilidad de la rodilla no depende de manera exclusiva de los ligamentos. De hecho, el sistema muscular, conformado por los cuádriceps, isquiotibiales y gemelos, y el control neuromuscular, que consiste en la capacidad del cerebro para coordinar una rápida contracción muscular, funcionan como un estabilizador capaz de compensar la ausencia del ligamento en muchos casos. Y por esta razón, la cirugía ha dejado de ser la única opción para tratar lesiones del ligamento cruzado.

Tratamiento conservador – Rehabilitación

Lo primero es señalar que el tratamiento conservador no se limita al reposo y aplicar hielo en el área lesionada. El paciente debe cumplir con un programa intensivo de ejercicios terapéuticos bajo la supervisión de especialistas como fisioterapeutas y rehabilitadores.

El objetivo de este tratamiento es enseñar a los músculos cómo trabajar con la falta del ligamento, y para ello, se debe cumplir con algunas fases:

  • Control de la inflamación y la movilidad. Recuperar la extensión completa de la rodilla y reducir el derrame articular.
  • Fortalecimiento muscular. El especialista crea una rutina bajo ciertos estándares para el caso particular del paciente, para trabajar cuádriceps, isquiotibiales, gemelos y musculatura estabilizadora de la cadera.
  • Entrenamiento neuromuscular. Consiste en la práctica de ejercicios de equilibrio, perturbaciones no anticipadas y reeducación del patrón de marcha, con el objetivo de que los músculos estén listos para reaccionar a tiempo ante cualquier imprevisto.
  • Reintroducción progresiva al esfuerzo. Eventualmente, el paciente comenzará a practicar saltos, carreras, gestos deportivos específicos, siempre bajo la supervisión de profesionales.

Este tratamiento es la primera opción para:

  • Personas sedentarias o que practican deportes de bajo impacto, como caminar, ciclismo, natación, entre otros.
  • Pacientes que en realidad se comprometan al cumplimiento de un régimen de ejercicios disciplinado por lo menos entre 3 y 6 meses.
  • Casos en los cuales no existen lesiones graves asociadas.

Este tratamiento ofrece varias ventajas, como evitar los riesgos asociados a la anestesia y la cirugía, no genera cicatrices ni rigidez después de la operación, y la recuperación inicial es más rápida. Por otra parte, si este tratamiento no cumple las expectativas después de algunos meses, la opción quirúrgica sigue sobre la mesa.

Reconstrucción quirúrgica – Plastia del ligamento cruzado

Por lo general, un ligamento totalmente roto no se cicatriza por sí solo, entonces se requiere de una ayuda quirúrgica. Durante la cirugía no se cose el ligamento original; en su lugar es reemplazado por un injerto que se puede obtener de los tendones isquiotibiales, del tendón rotuliano o del tendón cuadricipital del propio paciente.

Esta opción se recomienda a pacientes que presentan estas condiciones:

  • Deportistas de pivote y contacto. Deportistas que practican fútbol, voleibol, baloncesto, esquí, por dar algunos ejemplos.
  • Inestabilidad persistente. Son los pacientes que, después de intentar la rehabilitación durante algunos meses, aún mantienen la sensación de que la rodilla se desarticula durante actividades cotidianas como bajar las escaleras.
  • Lesiones asociadas. Algunas lesiones adicionales, como rotura de meniscos o lesiones cartilaginosas, pueden ser corregidas y evitar daños mayores.

Su principal ventaja es que se puede restaurar la sujeción mecánica pasiva de la rodilla, ofreciendo mayor firmeza estructural ante movimientos agresivos e inesperados.

Sin embargo, la persona que opta por la cirugía debe estar consciente de que, luego de la operación, el paciente va a requerir de un tratamiento farmacológico para aliviar el dolor, el uso de muletas las primeras semanas y debe iniciar una rehabilitación que puede ocupar entre 8 y 12 meses antes de recibir el alta médica. De esta manera, se garantiza que el injerto se ligamentice de manera correcta y prevenir una nueva rotura.

Factores relevantes para tomar la mejor decisión

Es importante señalar que esta decisión debe ser tomada bajo la opinión profesional de un traumatólogo y un fisioterapeuta. Y la decisión va a ser tomada de acuerdo con los siguientes factores:

  • Actividad física. Si el paciente practica algún deporte de contacto en el que realice giros bruscos, o si practica deportes de bajo impacto, como natación o ciclismo.
  • Sensación subjetiva de estabilidad. Imágenes como la resonancia magnética muestran la estructura de la rodilla, pero no evalúan su funcionamiento. Si el paciente tiene la sensación de firmeza en la rodilla luego de que la inflamación haya reducido, la rehabilitación tiene altas probabilidades de éxito.
  • Presencia de lesiones meniscales. Si existe un menisco atrapado y bloquea mecánicamente la rodilla, la cirugía se convierte en la mejor opción.
  • Compromiso con el proceso. En ambas opciones, el paciente debe comprometerse en el cumplimiento de la rehabilitación correspondiente, con constancia y disciplina durante el tiempo que indiquen los profesionales.

Sufrir la rotura del ligamento cruzado anterior ya no implica una cirugía como única opción. En la actualidad, la tendencia médica es la fisioterapia primero. Luego, una evaluación a los 3 meses, y así poder tomar la decisión definitiva respecto a la cirugía.

Sin embargo, debe tener presente que, aunque este suele ser el protocolo según la medicina moderna, la realidad es que no existe una respuesta universal para tratar la rotura del ligamento cruzado anterior. La decisión es individual, pero compartida con el traumatólogo y el fisioterapeuta, quienes ayudarán a la evaluación de las prioridades del paciente a corto, mediano y largo plazo, junto a la responsabilidad y la constancia, para elegir el camino que se ajuste al estilo de vida del paciente.

Fuentes:

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