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La rotura de un ligamento cruzado anterior es uno de los más temidos diagnósticos para aquellas personas que disfrutan una vida deportiva activa, bien sea como una actividad de fin de semana o como deportista profesional. Ese sonido peculiar, similar a un chasquido, seguido de un dolor agudo y la hinchazón inmediata, suele estar seguido de una duda que puede robar la paz de muchos, y es si es obligatorio que esta situación sea solucionada en un quirófano.
Tradicionalmente, la reconstrucción quirúrgica era la única alternativa que el médico especialista recomendaba para la recuperación de la rodilla y evitar el desarrollo de artrosis a largo plazo. Sin embargo, la medicina ha evolucionado y existe evidencia científica de que la fisioterapia bien estructurada y programada es una alternativa viable y eficaz en un gran porcentaje de pacientes.
Si usted presenta una lesión en el ligamento cruzado y se encuentra ante esta disyuntiva, le invitamos a conocer ambas opciones, para que pueda conversar con su médico tratante y determinar cuál es la alternativa más viable para su condición específica.
El ligamento cruzado anterior es una banda de tejido fibroso que está ubicada en el centro de la articulación y es el freno natural de la rodilla, porque se encarga de evitar que la tibia se desplace hacia adelante respecto al fémur, aportando estabilidad ante movimientos como el de rotación y pivote.
Cuando el ligamento se rompe por completo, pierde la capacidad de cicatrizar de manera espontánea en la mayoría de las personas debido al entorno de líquido sinovial que se encuentra dentro de la articulación. Sin embargo, la estabilidad de la rodilla no depende de manera exclusiva de los ligamentos. De hecho, el sistema muscular, conformado por los cuádriceps, isquiotibiales y gemelos, y el control neuromuscular, que consiste en la capacidad del cerebro para coordinar una rápida contracción muscular, funcionan como un estabilizador capaz de compensar la ausencia del ligamento en muchos casos. Y por esta razón, la cirugía ha dejado de ser la única opción para tratar lesiones del ligamento cruzado.
Lo primero es señalar que el tratamiento conservador no se limita al reposo y aplicar hielo en el área lesionada. El paciente debe cumplir con un programa intensivo de ejercicios terapéuticos bajo la supervisión de especialistas como fisioterapeutas y rehabilitadores.
El objetivo de este tratamiento es enseñar a los músculos cómo trabajar con la falta del ligamento, y para ello, se debe cumplir con algunas fases:
Este tratamiento es la primera opción para:
Este tratamiento ofrece varias ventajas, como evitar los riesgos asociados a la anestesia y la cirugía, no genera cicatrices ni rigidez después de la operación, y la recuperación inicial es más rápida. Por otra parte, si este tratamiento no cumple las expectativas después de algunos meses, la opción quirúrgica sigue sobre la mesa.
Por lo general, un ligamento totalmente roto no se cicatriza por sí solo, entonces se requiere de una ayuda quirúrgica. Durante la cirugía no se cose el ligamento original; en su lugar es reemplazado por un injerto que se puede obtener de los tendones isquiotibiales, del tendón rotuliano o del tendón cuadricipital del propio paciente.
Esta opción se recomienda a pacientes que presentan estas condiciones:
Su principal ventaja es que se puede restaurar la sujeción mecánica pasiva de la rodilla, ofreciendo mayor firmeza estructural ante movimientos agresivos e inesperados.
Sin embargo, la persona que opta por la cirugía debe estar consciente de que, luego de la operación, el paciente va a requerir de un tratamiento farmacológico para aliviar el dolor, el uso de muletas las primeras semanas y debe iniciar una rehabilitación que puede ocupar entre 8 y 12 meses antes de recibir el alta médica. De esta manera, se garantiza que el injerto se ligamentice de manera correcta y prevenir una nueva rotura.
Es importante señalar que esta decisión debe ser tomada bajo la opinión profesional de un traumatólogo y un fisioterapeuta. Y la decisión va a ser tomada de acuerdo con los siguientes factores:
Sufrir la rotura del ligamento cruzado anterior ya no implica una cirugía como única opción. En la actualidad, la tendencia médica es la fisioterapia primero. Luego, una evaluación a los 3 meses, y así poder tomar la decisión definitiva respecto a la cirugía.
Sin embargo, debe tener presente que, aunque este suele ser el protocolo según la medicina moderna, la realidad es que no existe una respuesta universal para tratar la rotura del ligamento cruzado anterior. La decisión es individual, pero compartida con el traumatólogo y el fisioterapeuta, quienes ayudarán a la evaluación de las prioridades del paciente a corto, mediano y largo plazo, junto a la responsabilidad y la constancia, para elegir el camino que se ajuste al estilo de vida del paciente.
Fuentes:
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